jueves, 19 de diciembre de 2013

PENSAR EN EL REVÉS

Pienso en el revés de las cosas
en la parte que no se ve
en dobladillos escondidos
en el fondo de mi ser.

Puedo ver las mil caras ocultas,
tras los iris de mis ojos, hay mares amarillos,
tras mis pestañas, desiertos de arenas azules,
y en el reverso de mis uñas
hay lunas de papel en noches de luna roja.

Al final de cada poro 
encuentro lagos de agua quieta
y dentro de cada pelo
hay un universo púrpura lleno de caldo creador.

Pienso en lo que no se ve y veo.

Arantza Arana

HAIKU

Entre dos mundos

horizonte y ocaso

en baño de luz


HAIKU


Luz en el aire

y en una pared muda

hablan las sombras

sábado, 30 de noviembre de 2013

ME SIENTO A HABLAR CONMIGO

Me siento a hablar conmigo
como si yo y yo fuéramos amigas
así trato de escapar otra vez
buscando una mirada pequeña
una voz ronca, alguien, algo.
Sola y solitaria consulto libros
no encuentro una voz gemela
luego miro entre los recuerdos
nadie me tiende añoranzas
los teléfonos ya no suenan como antes
emiten pitidos y salen extraños mensajes 
que no dicen mucho.
No estoy sola, estoy conmigo
y todavía no me he dicho
lo que me tengo que decir.

Arantza Arana



HAIKU DE LUNA


Luna de día
es luna despistada
se quedó a mirar


ESTRELLAS ENCENDIDAS PARA TI

Lunares en el cielo titilan
sumisos a la luna menguante
espíritus navegan oscuridades vacías
en un cosmos desconocido.

No sabré cual es el color más allá
agujero que se traga las estrellas
pero sé que éstas alumbran un lugar
que desde aquí no puedo ni pensar.

Siempre hay estrellas encendidas
aunque no sientas su calor en los párpados
están para ti, para mi, sin más destino
lucir la claridad vieja como el universo
dejando huella en un camino hollado
años luz  y después 
negrura y vacío.

Arantza Arana

Pequeños trazos

Diez de la noche
en la calle se respira lluvia iluminada.
Al llegar a casa
cuelgo el invierno en el armario
y un paraguas arrinconado
gotea sin respuestas.

Arantza Arana

HAIKU DE OTOÑO13






Flores de otoño
duermen en la mirada
de ojos que sueñan


martes, 8 de octubre de 2013

HAIKUS DE OTOÑO

HAIKUS DE OTOÑO

Risas de urraca
en la ventana aire azul 
¿¡y es otoño!?

Cielo cambiante
atmósfera de grises
mandan las nubes

Una bandada
gorriones asustados
canta la urraca

En la ventana
suplicante una gota
choca y desliza

Arantza Arana

lunes, 18 de junio de 2012

DIAS DE ORO


DÍAS DE ORO

Hay días redimidos por placer simple
hermosos y modelados por gozosa sencillez,
deambular por calles respirando inminente verano
tardes de familia y amigos en sobremesas sin fin
café y pacharanes,
una lectura irresistible a ser abandonada
entre cucuruchos de helado, 
duchas en el jardín
conversaciones, risas,
sin la menor sombra
sin necesitar mirar atrás, 
redimir el día con sencillos placeres
con algunas pequeñas cosas buenas,
 las mejores,
y una niña que creció de repente (16)
te dice: ama que bien me has educado...
¿pues?
porque te salí buena...
¿a si?
si ama...
saliste así,
no,me hiciste ser así...
Es el mejor regalo para éste cumpleaños de "oro" con mi vida....
y el abrazo hermoso de mi hijo el cariñoso (19)
y la mirada traviesa de mi marido generoso...


Arantza Arana Uribesalgo(19-06-1962)

lunes, 21 de mayo de 2012

...Y...

...y...
Y será recordado como se recuerdan
las primeras imagenes de un recién nacido...
Con torpes lágrimas bajo la lluvia
sin dejar más rastro que humeda marca...
Cuando vuelva el sol estaremos solos
sin la comparsa de plañideras perfumadas...
Y ese abrazo valdrá mucho más 
que todas las palmadas en la espalda...
Arantzazu

martes, 10 de abril de 2012

Haikus de abril

Blancas centellas
furibundos truenos
¡pasa, tormenta!
--------
Color de moda
grises y más grises
tono sobre tono
----------
Tiempo inclemente
sufriendo los rigores
y el ave vuela
-------
Vuelve la sombra
en las tejas se anuncia
noche de gatos
-------
Túnel de verdor
la sombra acogedora
abraza suave
---------
Domingo helado
alimentan el vaho
nubes y viento
-------
¿Dime quién habla?
la invasión etílica
en mi negrura
----------


AA

domingo, 12 de febrero de 2012

Tanka

Sucumbí, caí
me atraparon sus lagos
gemas azules
en medio de su cara
la mirada implacable.

jueves, 2 de febrero de 2012

Anamar

Anamar se paró en lo alto de la escalera que bajaba a la playa. No pasaría de allí, no bajaría ni un solo peldaño. Solamente con pensar en el áspero y crujiente tacto de la arena se le erizaban los vellos. Le daba igual que a esa hora temprana y sin gente todavía,  la playa presentase una bella postal de arenales recién trillados y de gaviotas madrugadoras. No, ella no volvería a pisar la arena, pasaría de largo por el paseo una mañana tras otra, sin mirar, con angustia, sin otear el horizonte estéril, sin querer saber nada de las espumas de olas rotas como antes.
Todo ocurrió un día del último verano cuando corrían junto a la orilla en esa hora vespertina de aire renovado y brisa limpia en la cara. Anamar, Juansol y Albaluz, los tres inseparables. Anamar y Juansol eran la viva imagen de la energía sin fin, corrían sin tregua, ágiles y dejaban siempre atrás a Albaluz sin querer, pues ella no era joven y aunque lo intentaba nunca conseguía ir a la par de ellos dos. Aquella fatídica mañana la resaca propia de la bajamar era muy fuerte, la arena se barría bajo los pies con una violencia que casi derribaba a los que paseaban chapoteando por la orilla.
Albaluz, preocupada a sabiendas de que aquellos dos solían bañarse al llegar al centro de la playa intentó correr más deprisa para alertarles de que no lo hicieran pues era especialmente peligroso por la resaca tan enroscada. Lo intentó pero no podía correr más rápido, el aire se le bloqueaba en la garganta  y unos pinchazos de flato en un costado le obligaron a parar bruscamente.
Anamar y Juansol llegaron a la parte central y decidieron parar y esperar a Albaluz, intuyeron que el mar no se andaba con chiquitas pues solamente el rugir de las olas al romper ya era muy amenazador. Era como si el propio océano advirtiera con voz potente que ese día estaba muy, pero que muy, enfadado. Ellos esperaban pacientes a Albaluz aunque ella casi no avanzaba.
Detrás de ellos, junto al muro de piedra del paseo, había una cuadrilla de jóvenes trasnochadores que seguían de juerga. Aunque se tenían de pie a duras penas, se estaban quitando la ropa y con voz trastocada el más valiente decía –“venga, un bañito para quitarnos la moña”
Llegaron a la orilla desnudos pero se quedaron plantados sin atreverse a entrar en el agua. Estaban borrachos pero no locos. Anamar y Juansol intentaron volver en busca de Albaluz que no llegaba, pero el grupo se fijo en ellos.
Uno de ellos se agachó y recogió un palo –“Oh no, si se le ocurre lanzar el palo al agua estamos perdidos, Juansol es incapaz de contenerse a salir en busca de un palo lanzado”- pensó Anamar. Y así ocurrió todo…
El chico les miró y dijo con el palo en alto –“busca, busca” -lo lanzó lejos dentro del mar y Juansol, paciente en principio, no perdió ojo mirando la trayectoria y cuando el palo entró en el agua, él se lanzo a nadar y a buscarlo entre las olas rotas. –“No, no”-  ladraba Anamar en idioma perruno –“lo sabía, sabía que ocurriría”- . Su impulso fue salir tras él pero alguien la retuvo fuerte por el collar, era Coral, que llegó en ese momento y amarró la cadena al collar de la angustiada collie de patas blancas, horrorizada al ver lo que pasaba. Juansol, el joven perro collie, atrapó el palo, pero aunque nadaba hacia afuera, la corriente le impedía salir y lo alejaba de la orilla. Entre ola y ola todavía veían su cabeza, le llamaban y animaban pero era inútil, pronto se agotó y el mar se cobró su tributo. Coral retenía a las dos perras a duras penas hasta que ellas dejaron de ladrar y empezaron a gemir y a lamerse los hocicos la una a la otra lastimeramente. Hacía rato que ya no detectaban en el aire el olor de su compañero. Gemían sin parar y Coral lloraba con desolación sentada en la arena. Los chicos se fueron en silencio, avergonzados. Anamar y Albaluz lamieron tristes las lágrimas que corrían por la cara de Coral…
Ese verano siguiente en Ribadesella iba a ser largo y tedioso, Anamar deseaba con deseo perruno volver pronto a Vitoria. Era raro estar tan sola allí, sin Albaluz que murió de vejez ese invierno y sin Juansol. Ella resistió sólo por Coral que pacientemente la consoló y se obligó a comer para no dejarse morir y aumentar la tristeza de su ama.
Sus ojos miraron por última vez el horizonte marino, a partir de ese día pasaría por allí de largo, sin mirar y sin encontrar aquel olor familiar que nunca olvidaría.
                         Arantza Arana Uribesalgo                 

domingo, 15 de enero de 2012

EL TREN PERDIDO

EL TREN PERDIDO

Del cristal flagelado por la lluvia lagrimean gotas
la vida pasada corre por fuera de la ventanilla
ese  viaje al infierno del futuro
habrá terminado antes de llegar a la estación.

Fantasmal felicidad casi posible al alcance de la mano
se quedó esperando en el andén
fría lluvia de invierno mojando la tristeza.

La infelicidad tiene puntería certera y mata
un corazón cansado sin ganas de vivir y sin motivos
sin abrazos tiernos, sin miradas liquidas.

Tic-tac, tic-tac, una capa negra
unos pasos rápidos
el futuro plano entre las vías paralelas.

Abajo el telón
pocos aplausos
unos cuantos silbidos de desaprobación…             
 Arantza Arana Uribesalgo


   

EXTRAÑA

EXTRAÑA
Fugitivo rayo de luz entrometida
entre lamas de persiana vieja
acaricia tibio unos ojos que ya no duermen
el sueño desvanecido por un despertar brusco.

La penumbra de una habitación diferente
el goteo lejano de un lavabo
irreconocibles los dibujos del empapelado
y llevando puesto un camisón extraño.

Alguien muy cerca respira junto a mí
sin atisbo de recobrar la consciencia
rostro desconocido a escasos centímetros
compartiendo la misma almohada arrugada.

Me levanto y me acerco al óvalo de un espejo
el reflejo que veo soy yo, pero no soy yo
lo sé, pero no lo siento
lo sé, pero no quiero saberlo…

Arantza Arana Uribesalgo

jueves, 22 de diciembre de 2011

GRIS

Gris más gris, más gris
en el cielo infinito
suma y sigue

...llover hacia arriba...

...no puede llover hacia arriba...
Algunas cosas que deseamos son incompatibles con otras que queremos tanto o más.

(del libro "El haiku de las palabras perdidas" de Andrés Pascual)

sábado, 17 de diciembre de 2011

miércoles, 14 de diciembre de 2011

sábado, 26 de noviembre de 2011

ESPERAR SIN ESPERAR (Navidad tras el rayo verde)

 13/11/11

En los mares del sur hay un instante al ponerse el sol en el horizonte en el que todas las miradas y los suspiros, se contienen esperando que se dé un prodigio casi mágico, el rayo verde del crepúsculo. Desde la playa más idílica que se pueda imaginar en las islas Fiji, es donde más veces se observa el fenómeno que todo fotógrafo quisiera captar, pero nunca se sabe cuándo va a ocurrir. Las condiciones atmosféricas han de ser muy especiales, temperatura alta, nubosidad cero, mar en calma, así que en el verano austral cuando se cumplen estos requisitos, las playas de Fiji se llenan de ansiosos seres en busca de ese momento.



Aurora, en esas navidades de 2011 decidió ir hasta Fiji para realizar su sueño, sabía que era un deseo frívolo en gran medida, pero pensó que una vez en la vida hay que otorgarse un capricho con mayúsculas. Organizó su viaje del 20 de diciembre al 6 de enero. Se despidió de la familia sin contar nada, sólo dijo que necesitaba meditar y para eso se iba a un retiro Zen en un monasterio budista, aislada completamente y sin teléfono que perturbara su buscada paz espiritual. Como ya la conocían bien, no les pareció raro y se despidieron deseándose lo mejor en esas fiestas y prospero año nuevo. Para algo bueno le tenía que servir la fama de rarita de vez en cuando.



Aterrizó en la isla Viti Levu dos días después de salir de Barajas, con escalas en Dubái y Sídney. Le recomendaron que pasara dos días en Suva, la capital, para tomar contacto y pasar tranquila el jet-lag. Después viajó a Nacula island a la playa Blue Lagoon para disfrutar de una de las más bellas playas del planeta y de sus gentes. Se alojó en el Greenflash resort famoso por sus vistas de atardeceres sobre el mar y cuyo nombre rayo verde en inglés le resultaba muy prometedor.



Los posters de fotos que colgaban de las paredes del hotel eran tan fantásticos que Aurora no dejaba de mirarlos. En su habitación del segundo piso, altura ideal para observar el horizonte sobre el océano, había un gran cuadro con una hermosa imagen en tonos de atardecer y un leve chispazo horizontal y verde sobre un mar gris. Esa misma tarde se apostaría en la terraza mirando al oeste. Después de comer durmió una siesta, tan necesitada, que cuando despertó en la oscura noche sin luna pero con miles de astros brillantes en el cielo, su asombro engulló a su disgusto de haberse perdido la luz crepuscular. Aquello era un espectáculo y salió a pasear por la orilla del mar bajo las estrellas.



Al día siguiente se fue a disfrutar de las playas, la comida sabrosa a base de pescado fresco y las frutas y los jugos multicolores. Al atardecer se apostó con sus dos cámaras digitales, una en posición video y la otra en foto, en su terraza, sola, no quería compartir el momento con nadie alrededor.



El viento soplaba cálido del norte y el aire reverberaba sobre las aguas. El atardecer fue de un rojo espectacular pero no dio lugar al rayo verde horizontal. Todavía tenía unos diez crepúsculos por delante y esa noche era Nochebuena, se notaba en el ambiente que la gente se preparaba a pasar una velada mágica. Ella disfrutaba de su soledad programada pero le iba a resultar muy difícil escaquearse de la invitación a la cena colectiva de huéspedes y empleados del resort.



En el comedor había en el centro un hermoso árbol de Navidad decorado profusamente. Aurora lucía un básico “little black dress” y zapatos de tacón negros que le sentaban de maravilla y le solían salvar la papeleta en ocasiones como aquella, su melena castaña estaba recogida en una moderna trenza lateral sobre su hombro izquierdo. Se acerco al árbol a ver con detalle sus adornos exóticos a base de conchas y caracolillos marinos decorados con alegres colores sin darse cuenta de que la gente salía a bailar en ese momento.



Alguien le tocó en el hombro derecho y al darse la vuelta le pidió amablemente baile. Era un joven que le tendió una hermosa flor de hibisco roja que ella agradeció y se prendió en el pelo sobre la oreja izquierda. Le otorgaba un contrapunto de color estupendo y alegraba su estilismo falto de joyas. Se acabó la pieza y la gente aplaudió a la orquesta, el director del hotel leyó un breve discurso navideño e invito a todos a disfrutar de un bufet libre y a compartir entre todos en hermandad. Aurora tomó un plato y lo llenó de deliciosos bocados y canapés, se dirigió hacia la playa con los zapatos en una mano y el plato en otra, se sentó en la arena cerca de la orilla y degustó con placer aquella cena. Volvió a estar sola de la forma más natural que podía imaginar aunque unos ojos negros la miraban en la noche entre las palmeras. Oyó unos pasos detrás de ella, se volvió y un elegante caballero vestido de gala se le acercó y le ofreció una copa de champán pidiéndole permiso para sentarse a su lado. Aurora asintió con un gesto de cabeza y aceptó la copa.

- Brindemos por una nueva Navidad- dijo él.

- Brindemos- contesto ella.

El perfecto gentleman que le sonreía y le miraba a los ojos a la vez, se presentó como Andrew Crowe. Tenía una voz grave y un acento inglés extraño que Aurora no conseguía catalogar, era muy moreno y de ojos negros de rasgos afilados y pelo largo peinado hacia atrás, a ella no le sonaba haberlo visto antes en el comedor. Dijo que se había fijado en ella tan solitaria y no pudo resistir el impulso de llevarle una copa de champán en esa noche tan especial. Aurora le agradeció el detalle y le dijo que esa soledad era buscada. Él hizo amago de levantarse pero ella le dijo que no lo hiciera, que su compañía era bienvenida.

Charlaron en perfecto inglés hasta que Aurora le dijo que era española, entonces la sonrisa encantadora de él dio paso a una carcajada espontanea y le contesto en español que él era de Miami y su lengua favorita era el español. Su acento tenia mil matices que a Aurora le sonaban a culebrón televisivo. Dejaron el plato, las copas vacías y los zapatos sobre la arena y fueron a pasear bajo las estrellas por la extensa playa de Blue Lagoon. Ella le contó que su sueño era terminar aquel año con la suerte de ver un rayo verde crepuscular y él le dijo que a veces era más fácil verlos en el amanecer cuando rompe el sol por el este. Luego le contó la leyenda que cuenta que al que ve un rayo verde al ocaso y otro al amanecer, se le otorga el don de leer en los corazones, así el poseedor de esta magia siempre sabe a ciencia cierta si la persona que está a su lado tiene buen corazón y si es sincero en su amor.

- Bonita leyenda, no me importaría nada poder verificarla por mí misma, y tú ¿has visto ya ese doble fenómeno? -preguntó Aurora.

- Es la segunda Navidad que voy a pasar aquí, y he llegado a intuirlos pero de manera tan ínfima que no puedo asegurarlo, y mi cámara no lo ha registrado.

- Lástima, tendremos que esperar en la espera de conseguirlo.

- Es mejor esperar sin esperar, te lo aseguro, porque si no te puedes ahogar en la desesperanza -respondió Andrew.

- ¿Y, a qué hora amanece?

- Muy temprano, demasiado, de 6 a 6.30.

- Pero creo que merecerá el esfuerzo -dijo ella soñadora.

En ese mismo instante una gran estrella fugaz cruzó el cielo hacia el horizonte nocturno y Aurora se quedo boquiabierta señalando con su brazo derecho hacia la bóveda cuajada de cuerpos celestes.

- No me ha dado tiempo de pedir un deseo -dijo haciendo un puchero infantil.

- Tranquila, ten tu deseo preparado porque a partir de esta hora tendrás la oportunidad de ver cientos de errantes.

- ¿Errantes?- pregunto ella.

- Sí, me gusta más llamarlas así, en lugar de fugaces, pues fugaz es la luz que vemos pero ellas siguen ahí viajando por el cosmos.

- Vamos a ver si pillamos unos cafés en la máquina para mantenernos despiertos, no quiero perderme el espectáculo- dijo ella.

Tomaron unos cafés dobles, y se tumbaron en unas hamacas entre las palmeras, sólo se oían las suaves olas de una cálida noche del verano austral. Siguieron hablando para no sucumbir al sueño, contándose tantas cosas mutuamente como si tuvieran prisa por conocer al ser que tenían al lado.

Cesó la leve brisa nocturna y las gaviotas empezaron a revolotear y graznar por toda la playa, se intuía el amanecer inminente. Se levantaron y se acercaron a la orilla mirando hacia el este. Un leve escalofrío recorrió la espalda de Aurora y Andrew le prestó su chaqueta dejando su brazo extendido sobre sus hombros. Ese contacto les hizo sentirse a los dos muy cercanos y se miraron a los ojos mutuamente. Sus bocas estaban casi a la misma altura, sin esfuerzo la distancia se acortó y se encontraron en un beso, dulce, largo y perezoso, parecían no querer separarse sus bocas encontradas y asombradas. Cuando por fin terminaron, miraron de inmediato hacia el amanecer y vieron como ya asomaba un trocito de sol. Ese día se perdieron el momento propicio de observar la fracción de rayo verde, pero encontraron una pasión nueva y maravillosa.

- Me cuesta ser un caballero y dejarte sola en tu habitación -le dijo él.

- Y yo no quiero estar sola ahora- respondió ella.

Pasaron juntos ese día de Navidad entre sábanas testigas de su pasión y de sus sueños, agotados y entrelazados, descubriendo así la mejor manera de hacer la espera de la espera más llevadera. Al atardecer después de un baño en la playa y de un tentempié se apostaron en la terraza de Aurora con las cámaras preparadas y los ojos atentos dispuestos a captar un rayo verde, rojo o amarillo, les daba igual, pues después les esperaba una maravillosa noche de paseos por Blue Lagoon y pasión nocturna entre las palmeras bajo las estrellas errantes.



Los atardeceres y amaneceres fueron pasando y el rayo verde no se dejó ver. La ansiedad de observar ese fenómeno se fue mitigando cuando comprendieron lo valiosos que eran esos instantes, segundo a segundo, de aquel amor nuevo e intenso y de ese lugar del mundo que contribuía a sentir ese bienestar tan natural y sencillo propio del paraíso.



El rayo verde se fue convirtiendo en una anécdota que a veces acontecía por aquellos horizontes. La Nochevieja junto a Andrew fue algo que nunca hubiera podido llegar a soñar. El era gerente de una cadena hotelera en los Estados Unidos y viajaba en jet privado, la llevó de regreso a Madrid y paso con ella tres días más. Luego se despidieron con gran desgarro, Aurora se sentía muy sola, pero el tiempo en breve los iba a llevar a estar juntos en otro mar y en otra historia, buscando de nuevo el rayo verde y su leyenda.

Arantza Arana 23/11/11

domingo, 20 de noviembre de 2011

HAIKUS DE MIS MAÑANAS...

Resplandor bello
del tamiz de las hojas
resurge la luz
>><<
Canta en la rama
ensueño disfrazado
pequeña ave
>><<
Tiembla el corazón
vibración infinita
vastos paisajes
>><<
Sueños en chispas
golosina espiritual
calma la pena
>><<
Tiempo de dolor
y mis dulces del alma
no me abandonan

Arantza

miércoles, 16 de noviembre de 2011

ESE HOMBRE

Amo al hombre que me ama
y recuerda mis besos
al que pinta acuarelas
con mis labios.

Amo a ese hombre que me encuentra
siempre que me busca
al que me dibuja
en su memoria.

Amo a un hombre que ilumina mis tristezas
al que da calor
a la tibieza
de mi cama.

Amo a mi hombre que completa
esa parte de mi todo
al que me quiere
como a un trozo
de su alma.

Arantza




martes, 8 de noviembre de 2011

Se Me Gasta La Vida

Se me gasta la vida
sin darme cuenta
y no es un bote de champú
que se pone al trasluz
para ver cuanto queda.

Se me gasta la vida
y no me entero
pués pasa despacio y en silencio
como nueva arruga
que se instala en mi piel
sumisa y derrotada.

Se me gasta la vida
y no es un traje renovable
en las rebajas
de la tienda de la esquina.

Se me gasta la vida
y yo me empeño en llenarla
de mil cosas y detalles 
que no pueden anclarme.

Se me gasta la vida
y no sé qué hacer
pués creo que ella me vive a mí
y no yo a ella.

Se me gasta la vida
y no puedo hacer nada
sólo renacer en cada luz
y dejarme fluir en los segundos.

Se me gasta la vida
y lo peor es no saber
cuánto me dura
pués lo que luego vendrá
núnca caduca.

Se me gasta la vida
y la única certeza
es esa eternidad perpetua
que me aguarda trás la puerta.

Y voy llenando mi cuaderno de borrones
contando pensamientos
tachando sensaciones
que no me llevan a ninguna parte.

Arantza Arana

sábado, 5 de noviembre de 2011

lunes, 31 de octubre de 2011

HAIKUS DE NIEBLA Y SOL

La niebla lenta
de manto perezoso
provocó al sol.
------
El astro otoñal
se alió con el cielo
en puro azul.
------
Venció sin fuerza
con sus rayos trémulos
hilachándola.

Arantza

COLCHICO DE OTOÑO


Flores que anuncian
humedad del otoño
"quitameriendas".
Mentiroso azafrán
de tóxica belleza...

viernes, 28 de octubre de 2011

Jugando con frases hechas

Cuando todo sale a pedir de boca
ese sentir de corazón tendido al sol
es algo incomodo que nos provoca
esperar los redobles en sí bemol.

No saber disfrutar cuando nos toca
como un plácido y lento caracol
tanta carga pesada nos aboca
en abismos de absoluto descontrol.

Si el destino nos da a manos llenas
¿por qué buscarle los tres pies al gato?
toque lo que toque todo pasará.

Cuando el viento arrastre las nubes hueras
vamos a meter los pies en los zapatos
y a ponernos el mundo por montera.

Arantza Arana